Pachamama y caña con ruda: agradecer la vida, devolver a la Tierra

por Bethara | 31 Jul 2026

Historia, significado espiritual y ritual Bethara para atravesar agosto

Cada 1.º de agosto, en distintos lugares de nuestro país, se repiten gestos que atraviesan generaciones.

Una pequeña abertura en la tierra.

El humo de las hierbas encendidas.

Alimentos preparados para compartir.

Manos que ofrecen, agradecen y piden permiso.

Y, en muchas casas del Litoral y del norte argentino, una botella de caña con ruda que espera desde hace días —a veces desde hace meses— el momento de ser abierta.

Para algunas personas se trata de una costumbre familiar. Para otras, de una ceremonia sagrada. Para muchas, es una tradición que conocen desde la infancia, aunque quizá nunca se hayan detenido a preguntar de dónde proviene ni qué enseñanza guarda.

La celebración de la Pachamama y el ritual de la caña con ruda no tienen exactamente el mismo origen. Sin embargo, con el paso del tiempo, ambas prácticas fueron encontrándose alrededor del comienzo de agosto.

Una nace de la cosmovisión de los pueblos andinos.

La otra se arraiga especialmente en el universo cultural guaraní del nordeste argentino.

Las dos recuerdan algo que la vida moderna suele hacernos olvidar:

no estamos separados de la naturaleza ni podemos recibir de ella indefinidamente sin aprender también a agradecer, cuidar y devolver.

¿Qué significa Pachamama?

La traducción más conocida de Pachamama es “Madre Tierra”.

Pero su significado es más amplio.

La palabra pacha, presente en lenguas quechua y aymara, puede referirse al mundo, al universo, al tiempo, al espacio y al lugar. Mama significa madre. Por eso, la Pachamama no representa solamente el suelo que pisamos: expresa una totalidad viva en la que tierra, ciclos, territorio, tiempo, naturaleza y comunidad se encuentran relacionados.

En la cosmovisión andina, el ser humano no observa la naturaleza desde afuera.

Forma parte de ella.

De la tierra recibe alimento, abrigo, medicina, identidad, cultura y el espacio en el que puede desarrollar su vida. La Pachamama es reconocida como esa matriz que sostiene, nutre, fecunda y hace posible la existencia.

Esta comprensión modifica profundamente nuestra posición.

La Tierra deja de ser un objeto disponible para nuestro uso.

Deja de ser simplemente el paisaje que rodea nuestras actividades.

Deja de ser un depósito de recursos.

Se convierte en una presencia viva dentro de una gran trama de relaciones.

Así como ninguna persona existe sin vínculos, ninguna vida existe fuera de la tierra, del agua, del aire, del alimento, de los antepasados y de las comunidades que la hicieron posible.

Celebrar a la Pachamama es recordar que pertenecer también implica responsabilidad.

¿Por qué se celebra el 1.º de agosto?

Agosto representa un momento particular dentro del ciclo anual de las regiones andinas.

Es un período de invierno, frío, viento y escasez, pero también un tiempo en el que la tierra comienza a prepararse para las futuras siembras. Aquello que exteriormente parece quieto ya está gestando una nueva etapa en sus profundidades.

La celebración quedó asociada al 1.º de agosto con la incorporación del calendario gregoriano, aunque numerosas familias y comunidades realizan sus ceremonias durante todo el mes.

En la Argentina, la Ley 26.891 declaró a la provincia de Jujuy Capital Nacional de la Pachamama y estableció oficialmente el 1.º de agosto como fecha de la celebración.

Pero la importancia de agosto no nace de una ley.

Nace de la observación de los ciclos.

Nuestros antepasados sabían que no todos los meses pedían lo mismo.

Hay tiempos de sembrar.

Tiempos de cosechar.

Tiempos de guardar.

Tiempos de atravesar el frío.

Tiempos de agradecer lo recibido.

Y tiempos de pedir fuerza para continuar.

Agosto era un umbral que había que cruzar con cuidado. Un mes exigente para las personas, los animales y los cultivos, especialmente en regiones donde el invierno podía afectar profundamente la subsistencia. De allí surge la expresión popular “pasar agosto”: atravesar el período difícil y llegar con vida a la renovación que se aproxima.

La ceremonia no niega la dificultad.

La reconoce, reúne a la comunidad y fortalece la relación con aquello que sostiene la vida.

Esto lo comprobamos en nuestro viaje a Jujuy, donde los agricultores de la Ruta de los Papines andinos, nos contaban lo que significa sembrar en estas tierras, guardar las cosechas para los períodos de invierno y cómo lo hacen de forma natural, que para nosotros sería rudimentaria tal vez.

Dar de comer a la Tierra

Uno de los momentos centrales de la celebración andina es la K’orpachada o corpachada, expresión que suele traducirse como “dar de comer a la tierra”.

En muchas comunidades se abre un pequeño hoyo en el suelo, entendido simbólicamente como la boca de la Pachamama. Allí se colocan alimentos, bebidas, hojas de coca, chicha y otros productos significativos. También pueden sahumarse las casas, las huertas, los corrales y los espacios familiares.

Después de agradecer, pedir y compartir, la abertura se cierra nuevamente, dejando la tierra en orden.

Cada comunidad y cada familia conserva sus propias formas, alimentos, cantos, oraciones y maneras de realizar la ceremonia. No existe una única versión que pueda reproducirse mecánicamente en cualquier lugar.

Además, para los pueblos que mantienen viva esta tradición, la ceremonia no es un espectáculo ni una representación decorativa. Es una práctica íntima de identidad, transmisión cultural, pertenencia familiar y reciprocidad con la tierra.

Su enseñanza central puede expresarse de una manera sencilla:

de aquello que recibimos, también debemos aprender a devolver.

No porque la Tierra necesite pagar una cuenta.

No como una negociación destinada a obtener favores.

Sino porque la vida se sostiene a través del intercambio.

Recibimos alimento y devolvemos cuidado.

Recibimos agua y devolvemos protección.

Recibimos un territorio y devolvemos respeto.

Recibimos semillas, frutos, madera, medicina y abrigo, y asumimos la responsabilidad de no convertir la abundancia en explotación.

La ofrenda restaura una proporción.

Nos recuerda que tomar sin agradecer y consumir sin límite rompe el orden del sistema al que pertenecemos.

Pachamama y caña con ruda: dos tradiciones que se encontraron

Aunque hoy suelen mencionarse juntas, es importante distinguirlas.

La veneración a la Pachamama pertenece principalmente a las cosmovisiones de los pueblos andinos.

La caña con ruda, en cambio, se arraiga especialmente en Corrientes, Misiones y otras regiones del nordeste argentino, dentro de una tradición vinculada con el pueblo guaraní. Nosotros aquí en Entre Ríos también la tenemos muy arraigada. En los mercaditos de La Picada, la ofrecen ese día a quienes van, para que la tomen.

Antes de la colonización, diferentes pueblos americanos ya preparaban bebidas con frutos como el chañar, la algarroba o la tuna, a las que agregaban hierbas utilizadas tradicionalmente. Con la llegada europea se introdujeron el cultivo de la caña de azúcar, el aguardiente de caña y la ruda. La combinación fue incorporándose al imaginario guaraní como un preparado protector frente a los males del invierno, la enfermedad, la mala fortuna y la envidia.

Por lo tanto, la caña con ruda que conocemos actualmente es el resultado de un encuentro cultural.

Tiene componentes americanos y europeos.

Conserva saberes ancestrales, pero también expresa las transformaciones históricas producidas después de la colonización.

Con el paso del tiempo, el hábito de beberla el primer día de agosto se extendió a otras regiones del país y quedó asociado a la celebración de la Pachamama. En el nordeste, esa unión refleja el entrelazamiento de costumbres guaraníes, andinas, criollas y familiares.

Reconocer esta diferencia lejos de debilitar la tradición, la vuelve más verdadera.

Nos permite honrar cada raíz sin mezclar los orígenes como si todas las prácticas espirituales fueran iguales.

¿Cómo se toma la caña con ruda?

Las formas varían según la familia y la región.

Algunas personas toman tres pequeños sorbos.

Otras toman siete.

Hay quienes beben un trago más largo.

La costumbre más extendida indica hacerlo en ayunas durante la mañana del 1.º de agosto. También existen familias que permiten realizarlo durante los primeros quince días del mes cuando no pudo hacerse en la fecha exacta.

La preparación tradicional consiste en colocar hojas o pequeñas ramas de ruda dentro de una botella con aguardiente de caña y dejarlas macerar. Algunas familias la preparan pocos días antes; otras conservan la botella durante semanas o meses.

No existe una receta única ni una cantidad universalmente establecida.

El valor del gesto no está en beber más.

Está en la memoria, la intención y el sentido con el que se realiza.

Tradicionalmente, cada sorbo expresa un deseo de protección y fortaleza para atravesar el mes de agosto. La bebida fue considerada popularmente una forma de alejar los males del invierno y atraer salud y buena fortuna.

Sin embargo, es importante distinguir la creencia cultural de una afirmación médica.

La caña con ruda no es una vacuna ni reemplaza ninguna forma de cuidado de la salud.

La ruda tampoco es una planta inocua en cualquier cantidad. Su consumo puede producir toxicidad y debe evitarse durante el embarazo; tampoco es adecuado para menores, para quienes no consumen alcohol ni para personas que tengan indicaciones médicas de evitarlo.

Honrar una tradición también significa practicarla con conciencia.

Quien no pueda o no desee beber caña con ruda puede participar del sentido de la fecha mediante una ofrenda, una oración, el cuidado de una planta o un gesto concreto de gratitud hacia la Tierra.

Ningún ritual verdadero debería obligarnos a dañar el cuerpo para demostrar pertenencia.

La ruda: una planta situada entre la medicina y el símbolo

La ruda llegó a América desde Europa y encontró un lugar importante en muchas prácticas populares.

Su aroma intenso, su resistencia y los usos medicinales que históricamente se le atribuyeron contribuyeron a que se la asociara con la protección, la limpieza y el alejamiento de influencias consideradas negativas.

Con el tiempo comenzó a estar presente en patios, huertas, entradas de casas y pequeños jardines familiares.

Para muchas personas, tener una planta de ruda cerca de la puerta sigue siendo una forma de cuidado simbólico.

Pero quizá su enseñanza no consista solamente en “espantar lo malo”.

La ruda también puede recordarnos la necesidad de discernir.

Hay situaciones que necesitamos dejar entrar.

Otras que requieren un límite.

Hay vínculos que nutren.

Otros que agotan.

Hay cargas que pertenecen a nuestra historia y deben ser trabajadas.

Y hay pesos que estamos sosteniendo por otros, confundiendo amor con sacrificio.

La verdadera protección no consiste en vivir a la defensiva.

Consiste en desarrollar la conciencia necesaria para reconocer qué nos corresponde recibir, qué debemos transformar y qué necesitamos dejar afuera.

La mirada Bethara: no hay espiritualidad sin Tierra

En Bethara creemos que una enseñanza espiritual se vuelve verdadera cuando puede descender a la vida.

Cuando llega al cuerpo.

A la comida.

A la casa.

Al trabajo.

Al dinero.

A la forma en que consumimos.

A la manera en que habitamos nuestros vínculos y cuidamos el espacio que compartimos.

Sin identificar tradiciones diferentes ni afirmar que la Pachamama y la Cábala representan lo mismo, podemos reconocer una resonancia profunda con Maljut, el Reino: el nivel donde la conciencia debe encarnarse, tomar forma y manifestarse en la realidad.

La luz que no llega a la Tierra queda incompleta.

La intención que no se convierte en acción todavía no ha producido transformación.

La gratitud que no modifica nuestra manera de consumir, elegir y cuidar corre el riesgo de convertirse en una palabra vacía.

Por eso, la Pachamama nos ofrece una enseñanza tan importante para Bethara:

no puede existir orden humano verdadero si se construye en contra del orden de la vida.

No podemos buscar bienestar destruyendo aquello que nos sostiene.

No podemos hablar de abundancia sin preguntarnos de dónde proviene.

No podemos pedir prosperidad ignorando las consecuencias de nuestras decisiones.

No podemos trabajar el alma olvidando el cuerpo.

No podemos hablar de pertenencia sin reconocer la tierra, la familia, la cultura y las generaciones que hicieron posible nuestra llegada.

La Pachamama nos devuelve a la humildad.

No a una humildad que nos empequeñece, sino a la conciencia de ocupar nuestro lugar dentro de algo más grande.

Pachamama y los Cinco Fuegos de Bethara

La enseñanza de esta fecha puede atravesar cada uno de nuestros Cinco Fuegos.

🔥 Fuego del Cuerpo

Nuestro cuerpo está hecho de tierra, agua, aire, calor y alimento.

Honrar la Pachamama es escuchar sus ritmos, respetar el descanso y dejar de tratarlo como una máquina que debe producir sin límite.

🔥 Fuego de la Alquimia

La tierra transforma restos en fertilidad.

Recibe aquello que terminó su ciclo y lo convierte en sustento para una vida nueva.

También nosotros podemos permitir que una experiencia difícil se vuelva conciencia, aprendizaje y dirección.

🔥 Fuego del Conocimiento

Conocer no es acumular información.

Es comprender las relaciones que sostienen la vida y actuar de acuerdo con esa comprensión.

🔥 Fuego del Alma

El alma necesita recordar que no ha venido a vivir separada del mundo.

Ha venido a encarnar, experimentar, crear y dejar una huella consciente en la Tierra.

🔥 Fuego de los Vínculos

Toda vida depende de otras vidas.

La Pachamama nos enseña reciprocidad: recibir sin apropiarnos, dar sin desaparecer y comprender que el bienestar individual nunca está completamente separado del bienestar del sistema.

Ritual Bethara de la Pachamama

Agradecer, devolver y sembrar

Este ritual está inspirado en la enseñanza de la Pachamama, pero no pretende reemplazar ni reproducir las ceremonias propias de las comunidades andinas.

Es una práctica sencilla para honrar la fecha desde nuestro lugar, con respeto y conciencia.

Puede realizarse el 1.º de agosto o durante los primeros días del mes.

Elementos

Prepará:

  • un cuenco o una maceta con tierra;
  • un vaso o una jarra con agua;
  • una vela;
  • algunas semillas;
  • tres pequeños alimentos naturales, como granos, frutas, pan o hierbas;
  • papel y lápiz;
  • caña con ruda, solamente si ya forma parte de tu tradición y podés consumirla de manera segura.

Evitá dejar plásticos, cintas sintéticas, recipientes o materiales contaminantes en espacios naturales.

Toda ofrenda debe expresar cuidado, no producir daño.

1. Pedir permiso

Colocá los elementos delante tuyo.

Apoyá ambas manos sobre la tierra y realizá tres respiraciones lentas.

Decí:

“Pachamama, Madre de la vida, pido permiso para acercarme a tu tierra con respeto.

Reconozco que soy parte de esta trama y que todo lo que sostiene mi existencia tiene un origen.”

Permanecé unos instantes en silencio.

No comiences pidiendo.

Primero, llegá.

2. Reconocer lo recibido

Tomá el papel y escribí:

Durante este último ciclo, la Tierra me dio…

Nombrá todo lo que habitualmente pasa inadvertido.

El alimento.

El agua.

La casa.

El trabajo.

El cuerpo.

Los caminos.

Los árboles.

Los animales.

Las personas que cultivaron, transportaron, cocinaron y acercaron aquello que consumís.

Elegí al menos siete cosas concretas.

Después de escribirlas, leelas en voz alta.

3. Devolver

Tomá los tres pequeños alimentos y colocalos sobre la tierra.

Mientras lo hacés, decí:

“Devuelvo una parte de lo recibido.

Agradezco el alimento, el sostén y las oportunidades de este ciclo.

Que nunca confunda abundancia con exceso ni necesidad con apropiación.”

Podés colocar una pequeña cantidad de alimento en una maceta, en tu compost o en un lugar propio donde no perjudique a animales ni contamine el entorno.

Verté un poco de agua sobre la tierra.

4. Los tres sorbos

Cuando la caña con ruda forme parte de tu tradición familiar y no exista ninguna contraindicación, podés tomar tres sorbos pequeños.

En esta práctica Bethara, cada uno tendrá una intención:

Primer sorbo: gratitud.
Reconozco todo lo que hizo posible mi vida.

Segundo sorbo: protección consciente.
Elijo límites, decisiones y hábitos que cuiden mi cuerpo y mi energía.

Tercer sorbo: reciprocidad.
Me comprometo a devolver una parte de todo lo que recibo.

Si no bebés alcohol o no podés consumir ruda, bebé tres sorbos de agua, o una infusión con esta intención.

El centro del ritual es la conciencia.

5. Sembrar una decisión

Tomá las semillas entre tus manos.

Preguntate:

¿Qué puedo hacer concretamente para cuidar mejor la vida que me sostiene?

La respuesta necesita convertirse en una acción posible.

Puede ser:

  • reducir el uso de plásticos;
  • cuidar el agua;
  • comenzar una huerta;
  • plantar una especie nativa;
  • separar residuos;
  • apoyar a productores locales;
  • dejar de desperdiciar alimento;
  • reparar algo antes de reemplazarlo;
  • ordenar tu economía y tu forma de consumir;
  • ofrecer tiempo a una tarea comunitaria;
  • cuidar de manera más consciente tu propio cuerpo.

Escribí tu decisión.

Luego sembrá las semillas y decí:

“Que esta intención encuentre tierra, tiempo y cuidado para convertirse en vida.”

6. Encender el fuego

Encendé la vela.

Mirá la llama y reconocé que la Tierra no es únicamente materia.

En ella también vive el fuego que transforma, madura, cocina, ilumina y permite que una semilla rompa su forma anterior para convertirse en algo nuevo.

Decí:

“Que tenga sabiduría para reconocer lo esencial.

Que pueda atravesar los tiempos difíciles sin perder mis raíces.

Que reciba con gratitud.

Que devuelva con conciencia.

Que mis decisiones honren la vida de la que formo parte.”

7. Cerrar la ceremonia

Apoyá nuevamente tus manos sobre la tierra.

Decí:

“Gracias por lo recibido.

Perdón por aquello que todavía no sabemos cuidar.

Permiso para continuar nuestro camino.

Que haya alimento, salud, conciencia y buen vivir para todos.”

Dejá que la vela se consuma en un lugar seguro o apagála con gratitud.

Durante los días siguientes, cuidá la tierra donde sembraste.

La verdadera continuidad del ritual estará en ese cuidado.

Un ritual no termina cuando se apaga la vela

Podemos beber tres sorbos de caña con ruda.

Podemos encender hierbas.

Podemos abrir la tierra y depositar una ofrenda.

Pero el sentido de la Pachamama no se completa en esos gestos.

Continúa cuando cerramos una canilla.

Cuando evitamos tirar comida.

Cuando elegimos un consumo más consciente.

Cuando cuidamos nuestro cuerpo.

Cuando reconocemos el trabajo que existe detrás de cada objeto.

Cuando comprendemos que el territorio no es una propiedad sin memoria.

Cuando dejamos a las próximas generaciones una tierra que todavía pueda alimentarlas.

La ceremonia abre una conciencia.

La vida cotidiana demuestra si esa conciencia realmente descendió.

Atravesar agosto

Agosto llega con su viento, su frío y su promesa.

La tierra parece quieta, pero debajo de la superficie algo se prepara.

Hay semillas que necesitan oscuridad antes de brotar.

Hay procesos que no muestran resultados inmediatos.

Hay meses en los que nuestra tarea no es florecer, sino conservar la fuerza, cuidar las raíces y atravesar el tiempo con presencia.

La Pachamama nos recuerda que vivir no es avanzar todo el tiempo.

A veces vivir es guardar.

Esperar.

Agradecer.

Descansar.

Devolver.

Preparar la tierra para lo que vendrá.

La caña con ruda nos entrega la memoria de quienes buscaron protección para atravesar los meses más difíciles.

La ofrenda nos recuerda que nunca caminamos solos.

La tierra nos sostiene.

Las generaciones anteriores viven en nuestras costumbres.

La comunidad nos ayuda a cruzar los umbrales.

Y cada nuevo ciclo vuelve a preguntarnos:

¿Qué estamos haciendo con la vida que recibimos?

En Bethara elegimos honrar la Tierra no como una idea lejana, sino como la realidad concreta en la que el alma ha venido a encarnarse.

Porque también hay espiritualidad en una semilla.

En un alimento compartido.

En una casa cuidada.

En una decisión responsable.

En una mano que devuelve algo de lo que tomó.

Y en la comprensión profunda de que la Tierra no es solamente un lugar que habitamos.

Es la gran trama viva a la que pertenecemos.

💬 Te leo en los comentarios: ¿qué recibiste de la Tierra durante este último ciclo y qué elegís devolver?

Y si querés acompañar este día musicalmente, en YouTube encontrás nuestras canciones de Malkuth y del Fuego del Cuerpo, muy relacionadas a esta fecha, desde oras miradas como mencionamos antes: https://youtu.be/Uw9Rfvn-rBM?si=c8mha_KPukB6Tx-L
https://youtu.be/u3US-09Qta8?si=z-n5Xyz5fmzneTCb


Comunidad Bethara
Un espacio para recuperar orden, claridad y dirección en la vida real.

Alquimia para el Alma. Orden para la Vida.

Compartir esta nota